lunes, 19 de octubre de 2015

¿Es esto amor?



¿ES ESTO AMOR ?

Fue una mirada exacta en la penumbra,
y en la hendidura de esa oscuridad,
me dejé mirar por esa luz que me miraba.

Un tibio soplo como venido de cañaverales nacidos junto a un rio
envolvió mi cuerpo que perdió su forma
y se estiró saliéndose de mí hasta encontrarte en ese espacio
de indecisiones donde la vanidad pierde su brillo
y fácil fue acariciar esos cabellos alterados
sobre tu abrigo de avellanas nómadas
reclamando en ese invierno cierta angustia
que viajaba a la deriva.

No se si fue su amor o el mío
pero cruzó un relámpago
pegado desde entonces a la memoria
que despertó latidos impensados
y alejó la piedad pidiendo por los besos que nunca fueron dados.
Esos besos perdidos en noches opulentas de errores,
hechas de soledad y de inconstancia,
de bocas silenciando las palabras,
sólo interrogaciones deslizándose en un largo sueño tormentoso,
como el de la aves migratorias que no piensan quedarse
porque saciaron su sed en la fuente de las cosas perdidas.

Y cayó la simiente en el furor de aquellos días
entre la algarabía de amigos y enemigos
que daban esplendor a los desastres de esa avalancha del corazón
que estrangulaba con cólera la condena de esos años,
dejando en su lugar un enjambre de proyectos
más allá de los órdenes jerárquicos,
una mesa tendida y un vino para rociar los goznes
de una puerta abierta que dá al viento
y llevará la historia de mi vida
al infinito caracol de la escalera
por el que descendí entre visiones,
cuando el telón cayó y tuve que quedar fuera de escena.

lunes, 17 de agosto de 2015



DEL MAR VINO LA LUZ

¿Dónde estaba yo cuando la luz cayó entre los torbellinos del tiempo
y se abrieron las páginas de mis días golpeada por hechizos,
que mas allá de las palabras olían a sangre derramada
antes que la piedad se sentara a la mesa de los dioses.

Ente los que quedamos vivos después de la catástrofe
enronquecimos las gargantas y jadeamos sobre las aguas del océano
sin lograr apagar los gritos del naufragio,
mientras los pájaros caían abatidos sobre las ondulaciones de las olas.

La arena fingió su desamparo y convertida en vidrio
tatuó los pies que buscaban algún refugio y arrancó de su increíble huella, raíces que se hundieron en alguna novela estrafalaria
a la espera de alguna presa desgraciada y
trepados en la llama de algún sueño
se desnudaron los amigos con los que compartíamos el sol
y llenos de mentiras, mudos como un altar sin misa
vistiendo ropas desconocidas se desplazaron lentamente
hacia un olvido borrascoso, sólo sombras contra el pasado
que nublaron las imágenes sobre el mar
iniciando la ceremonia de la bruma.

Del mar vino la luz que iluminó un país desorientado
del que partían los senderos que llevaban al desierto
y el verano cegado aplastó contra la roca a una pareja de amantes
que se desvaneció en el aire sin suspiros
y los cuerpos y el cielo dieron paso a otra luz
parecida a un espejismo de fantasmas
que empezó a hablarle a las piedras
revestidas ahora con joyas de lujuria
donde plata y leche se trenzaban en anillos del tiempo
quedando capturada la libertad soñada.

El mar cubrió de sal los labios besados que eran mi único botín,
un círculo de fuego azotó visiones dispuestas a matarme,
un réquiem fueron las grandes sinfonías del sol,
lo inconcluso fue un puente hacia el amor
y el rugido de la luz
el inconstante umbral donde descansa mi locura.

lunes, 10 de agosto de 2015

Encajes de Bolillos



ENCAJES DE BOLILLOS


La noche se abrió en la ventana y el cielo quedó esperando pájaros.
Mañana será todo distinto pero ahora es mío el infinito.
Mañana será una madrugada con silencios
entre los que pasarán las sinfonías solares
volviendo fosforescentes los frascos de mi cuarto.

El rocío perdido entre los yuyos despertará al dueño de las vacas
que saldrán a iniciar el ritual de cuatro estómagos pastando,
sin saber nunca que junto a ellas iba mi temblor al contemplarlas.

A causa de mis ojos que las miran salieron devoradas
por alguna locura desatada que se clavó en sus redondos ojos fijos
haciéndome pensar en la inconstancia de esta tierra,
y en la fragilidad con que existieron los días de mi alma.

La que fui y estoy siendo se acompañan tomadas de la mano
saltando al ritmo de un corazón que vibra como un río
y se preguntan por aquellas tardes en que plegarias de países olvidados
salían a la puerta de la casa a tejer sus encajes
mientras pequeños remolinos de hilos
traían las ausencias a sentarse con ellas
porque eran íntimos y habían partido de forma inexplicable.

Apenas una imagen junto a un lejano mar cubierto de pañuelos
y una ínfima historia pegada a sus polleras
sin poder esconder las huellas que algún Dios,
habría grabado entre sus piernas entreabiertas
salpicadas con agua, sal, y granitos de arena.

Océanos de espuma borran las huellas de los pájaros
y cortejos nupciales anuncian haber llegado al borde de este mundo
donde mujer y espuma inician el delirio con la luna
y el blanco hilo dibuja sutilmente en el encaje
el movimiento de sus brazos desnudos agitando el pasado
sin rezos en la voz y dueñas de una memoria de borrascas.

lunes, 20 de julio de 2015

VAMOS YENDO



VAMOS YENDO

Arriero, dile a la tropa que arreas,
que surque el monte y los llanos,
que busque su comida y emprenda en la arruga silenciosa
del sendero el camino del regreso.

Hubo interrogaciones desviadas,
palabras sin música escuchadas
en rostros secos sin rastros de lágrimas,
invadidos por extrañas ignorancias que perdieron su equilibrio
sin saber en que rincón, en que piso habitan,
si tienen que subir o bajar las escaleras,
y que no saben buscarse entre los otros.

Arriero, no llores sobre el mundo,
besa la tierra que te acoge
y mira el cielo que tan alto quedó como vacío.
Una nube con peso cargada de pensamientos estelares
gira sobre tu cabeza y anuncia con un llanto
que la alegría invadió los universos.

Luna grande, sin ojos, cargada de brillantes alumbra la ciudad
a la que llegaremos volando entre resquebrajadas tierras
y sus bordes inquietos verán el pié desnudo de la noche
quedando atrás entre las cumbres.
Seremos los pasajeros de la tierra que te siguen
despreciando los límites que oprimen las gargantas de estrellas
en el celeste espacio reteniendo la catarata de cuerpos
que quedaron perdidos, ciegos por los restos del odio.
Allá vamos arriero, que el río apresura su curso,
y el verdor se acumula empujando hacia el mar una gloria rompiente,
ahora hundida en la tumba del pensamiento negro.

Diles que el corazón nacido para amar
no fue muerto en el extinto diálogo en el que no te oías
porque uñas y dientes defendieron ese día de sol ,
ese día de amor sobre la tierra.

Todo el azul es tuyo, allá vamos arriero,
la tierra ligera vuela sola, huye de los perdidos,
se desnuda y se funde intacta como recuerdo al soplo de la vida.

Hay una piel secreta que no pierde su forma,
hay una carne dulce nacida en el instante lúcido
donde una voz penetra hasta las venas tibias de la tierra
para rodar con ella en ese beso oscuro,
como sonido oscuro recorriendo los cantos,
en pequeños latidos con olor a existencia.

lunes, 22 de junio de 2015

Huir es imposible



HUIR ES IMPOSIBLE

Hay un viento cargado de arena que ruge desde el principio de los tiempos.
Una música antigua que gotea como lluvia agitando el barro
y suena como el único ruido dejado en este mundo

Para ciertos asuntos no hay sosiego.
Un discurrir informe no convence a la velocidad de la pendiente
que se transforme en una marcha de tortuga

En la reiteración que me persigue como sombra,
no pude endurecerme,
y siempre vi los reinos abatidos por un amante extranjero
moviendo las piezas de ajedrez en el tablero
que muestra a una reina custodiada por los saltos del caballo
y a un rey caído en medio del fragor soportando un jaque mate
que propicia la huida, una huida vacía de poder
que solo va a indicar la renovación de una contienda.que no cesa.
.
Yo he capeado el temporal y no me he librado del exilio,
pero no hace falta consultar al adivino ni que la corte me examine
porque todo tiene un fin y hay cosas que no volveremos a encontrarlas.

Viene la noche y pájaros nocturnos se unen a mujeres nocturnas
mezclando sonidos que se expanden en los jardines dormidos del invierno
y aunque el sauce se doble en primavera y allá lejos
se abran flores jamás imaginadas.
no se puede evitar el impulso de querer abrazarse a las estrellas,
ni que el ausente piense en el regreso,
ni que cuando se hable de partir el otro se entristezca.

Pero no hay manera de escapar,
no hay ninguna idiota escapatoria
para el amor que empuja a los amantes,
porque el deseo los seguirá hasta allí,
montado en un color intenso.
Un resplandor de cabalgaduras galopando por esos senderos
que salen precipitadamente de la luz del sol,
vistiendo un horizonte para mí desconocido,
donde nos piensa vivos y duerme el jeroglífico.

martes, 5 de mayo de 2015

El rugido del Hambre



EL RUGIDO DEL HAMBRE

Y qué se yo de lo que pasa, cuando las manos callosas se doblegan
y vueltas las palmas hacia arriba se acurrucan en el atrio de una iglesia
o se amontonan en el furgón de cola de los trenes corriendo el riesgo de quedar sujetos por un pié en la separación de los vagones.

Y qué se yo de aquellos, que rondan las esquinas a las siete de la tarde
buscando en la basura la bala perdida que perforó el chaleco
y fue a caer en el hoyo de sangre de un agujero entre las dos costillas,
y el encorvarse un poco, sólo un poco, para no perder el equilibrio
y rueden por el suelo las grandes bolsas en las que juntaron
los desperdicios de los vivos parecidos ahora al sueño de los muertos.

Por corredores sin luz avanza una mujer sosteniendo en sus brazos,
una palabra helada envuelta en mantas desteñidas
donde el llanto del niño se sepulta
y las manos entumecidas de la madre vierten
el vinagre de la angustia sobre sus propios ojos
tratando de arrancar el oro desvalido
en un desierto que apesta de dolor e historias de miserias
perdidas en veredas sin sol yendo a empeñar
el último reloj de plata, regalo de su abuela.

Eran tortuosos los caminos desembocando en el invierno,
siempre un lamento implorando un adiós demasiado temprano,
cayendo en ese tragaluz sin vidrios que llamaba a perderse
en las noches ahogadas por la lluvia, sin tierra a dónde huir.

Es verdad y no tanto, que buscó ser herida
en la equivocación de las esquinas,
pero el hombre decretó que había que aguantar esa agonía
y vomitó en los paredones rojos de la injuria,
la rabia de un cálculo mal hecho,
y ajustició con sus manos al corazón del juez,
allá en el sur, donde cortan las flores en pleno mediodía.

Y se desesperan los ecos de las tripas que estrellan sus paredes
alucinando legumbres frescas de una huerta
y peces y manjares que entran por una puerta falsa
que hoy no se abrió,  para alojar tanto cargamento sin destino.

Esas lágrimas…, estas lágrimas mías retenidas
que inundan sin piedad la brecha por donde se pierden
los casi muertos de una casi conciencia,
casi hombres dormidos, futuros esqueletos violentados
mordidos por las sombras de algún cielo corrupto
que no comprendió del todo lo humano y sus cenizas.

lunes, 27 de abril de 2015

VERDEAMOR (a Germán Pardo García)



VERDEAMOR                                     Norma Menassa sobre el Poema el Árbol          
                                                                           que no ama de Germán Pardo García

Criatura en reposo, a orillas del espanto,
no quieras penetrar en mis enigmas después de haber vivido tanto.

Después de haber sembrado inmensas extensiones
desparramando el ser,
no debes inquietarme echándome a la tierra desolada
porque las formas cambian insensibles,
lo que no cambia es alma.

No clausures tu sangre en nervaduras
que hasta mi corazón llegan los interludios
y quedo sola sin temor al llanto,
buscando una metáfora divina
para burlar moradas del estigma,
que yo también ya tengo el rostro ligeramente verde
y en la memoria el musgo fulgurante crece entre heliotropos infernales
y la vara de mimbre guarda apenas cicatrices de amor y numerosos goces, penitenciales formas que fulguran mis sienes con sus bocas sonámbulas.

Venid a mí igual,
de cualquier forma,
que tampoco mis besos pudieron alcanzarte,
pero una inteligencia subterránea rompió la tierra donde hundí raíces
y llegué hasta el sepulcro desnudando su atávica soberbia,
y quedó mi mugrosa vestimenta colgada en la alambrada
donde un hombre-árbol me esperaba.

De su corteza de epidermis brotó el calor del territorio americano
y una garganta de leña humedecida,
dejó salir a un ruiseñor herido que atravesó un bosque antropomórfico
y fui mujer-laguna que reflejó tu verde desamor de un bosque humano.

Y déjame por hoy que no es el día,
hoy quiero la intemperie, que yo también amo el relámpago
el que ilumina tu cuerpo masculino.
Que no fue tu oscuridad,
sino tu verde, del que quedé prendada.